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Martirio, Memoria, Verdad y Justicia

Publicado el 22/03/2019 en Noticias UCC

El próximo 27 de abril serán beatificados, en la ciudad de La Rioja,  los mártires Carlos de Dios Murias y Gabriel Longeville, sacerdotes asesinados un 19 de julio en Chamical; el laico campesino Wenceslao Pedernera, asesinado un 25 de julio en Sañogasta y Monseñor Enrique Angelelli, asesinado el 4 de agosto en Punta de los Llanos.  Estos asesinatos fueron cometidos en 1976, en el marco de la última dictadura cívico-militar que llevó a cabo la persecución, el robo, la tortura y la muerte de muchas personas que intentaron  interpelar formas desiguales e injustas de organizar las relaciones sociales. Sectores de diversas iglesias, y de la Iglesia Católica en particular, no fueron ajenos a estos ultrajes.

Como obispo de La Rioja, su firme fidelidad al Concilio Vaticano II llevó a Angelelli a alentar prácticas pastorales y de organización popular que hicieran realidad una sociedad igualitaria, fraterna y solidaria. Para ello recorrió la diócesis, instó a los agentes pastorales a revisar sus acciones a partir de la realidad histórica concreta de los más pobres y olvidados; alentó la organización de campesinos y la conformación de cooperativas, además de denunciar las injusticias sociales cometidas por los poderosos de la época tanto en sus misas radiales como en reportajes periodísticos. Su conocida afirmación "con un oído en el Evangelio y el otro al pueblo" resume su opción cristiana por los pobres y por la justicia. Ese compromiso histórico provocó la reacción de sectores conservadores y reaccionarios, quienes, en complicidad con las fuerzas armadas del Estado argentino, buscaron la forma de perseguir y eliminar cualquier vestigio de la pastoral conciliar riojana.

El asesinato de Angelelli vuelve a investigarse en la causa judicial por delito de lesa humanidad en el año 2012. Tenía 53 años cuando fue asesinado, en un accidente automovilístico provocado. Retornaba a la ciudad capital, proveniente de Chamical, luego de los sepelios de los sacerdotes Murias y Longueville. En la sentencia penal del 2014 los jueces dijeron: "Tenemos por cierto que la maniobra brusca que ocasionó el vuelco del vehículo que conducía Monseñor Angelelli y que desencadenó la muerte del Obispo, y las heridas que pusieron en riesgo la vida de Arturo Pinto, se produjo por la intervención voluntaria e intencional del conductor no identificado de un vehículo color claro (blanco o gris) presumiblemente Peugeot 404, que se interpuso en la marcha". El Tribunal definió que, según los informes y pericias médicas, la muerte fue instantánea al producirse el fuerte impacto de su cabeza sobre el asfalto, luego de ser expulsado por la puerta lateral izquierda con motivo de los vuelcos. Señalaron además los móviles del crimen: "La relevancia que tenía para el poder militar la Pastoral de la Iglesia Riojana que desarrollaba Enrique Angelelli"; y "la documentación que celosamente guardaba Angelelli, producto de la investigación que días previos había llevado a cabo sobre el asesinato de los curas de Chamical y del laico de Sañogasta". Además, agregaron que: "La Diócesis riojana – encabezada firmemente por la visión humanizante, de compromiso social junto a los pobres y auténticamente cristiana de Angelelli – conmovió, a partir de 1968, a una provincia marcada por grandes diferencias sociales, sectores rurales y poblaciones de extrema vulnerabilidad socioeconómica." [1]

En agosto de este año se cumplirán 43 años de su martirio, que seguirá siendo aliento y esperanza crítica ante la sacralización de instituciones y valores deshumanizantes.

[1] Cf. Revista Tiempo latinoamericano n° 104, 2018: 7-18

Por Carlos Asselborn, profesor de nuestra Cátedra libre Monseñor Enrique Angelelli

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