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Malvinas y la trampa del status quo

Publicado el 29/03/2019 en Noticias UCC

El mantenimiento del status quo fortalece al poderoso. Una máxima del realismo político de las relaciones internacionales que encuentra fiel predicamento en la política británica respecto de las Malvinas. A 37 años del comienzo de la guerra que dejara cicatrices perennes en la vida de nuestro país, las fichas en el tablero no parecen haberse alterado. Y las formas de aproximación de cada parte en el conflicto, tampoco.

Gran Bretaña muestra una inalterable línea de comportamiento y discurso, a pesar de los vaivenes de gobiernos en Argentina, de las presiones de instancias multilaterales y de la poca auspiciosa situación actual de Londres en el contexto europeo. El gobierno británico mantiene una clara política de poder en Malvinas: hechos consumados y sostenimiento del status quo en el tema de la soberanía. Esta línea de política externa ha sido el eje de la postura y las acciones británicas en las últimas cuatro décadas, frente al errático accionar argentino en la materia.

Desde nuestro país, el tratamiento de Malvinas en la política exterior ha sido inconsistente y discontinuo. Por un lado, resultado de la autodefinición del país en el mundo y la delimitación de la idea de inserción internacional según el gobierno de turno. Por otro, de las necesidades de acercamiento a las potencias Occidentales -particularmente de europeas- que derivó, en algunos períodos, de las anteriores concepciones. Por ello, mientras en el gobierno de Alfonsín, con una orientación de no alineamiento y ampliación de la autonomía externa del país -dentro del margen posible en un marco de Guerra Fría- la política exterior intentó visibilizar la cuestión de la soberanía en el plano multilateral y los excesos del unilateralismo y de la política de hechos consumados de Gran Bretaña en las islas.

Pero la coyuntura económica interna, sumada al cambio de visión del lugar en el mundo de nuestro país del gobierno menemista, conjugados con la consagración del liberalismo a nivel global en la pos Guerra Fría, contribuyeron a un cambio en el tratamiento de la cuestión territorial. El paraguas de soberanía emergió como el concepto rector de la política exterior argentina hacia Gran Bretaña. Bajo el mismo, se reconstruyeron los vínculos económicos y políticos con la potencia europea, a cambio de no discutir la soberanía sobre las islas. Una política exterior argentina funcional a los intereses estratégicos de Gran Bretaña.

Durante el período posterior, los gobiernos kirchneristas retoman una postura de endurecimiento respecto del reclamo, nuevamente girando el timón hacia una mayor visibilidad multilateral, que permitiera presionar al gobierno británico a negociar el status soberano. Esta estrategia, se conjugó con medidas unilaterales argentinas orientadas a limitar la explotación recursos de las aguas disputadas, la comunicación de las islas con el continente, y la concesión de permisos, entre otras medidas. La escalada de tensiones fue inevitable dada la negativa británica de reconocer la necesidad de discutir bilateralmente la soberanía.

El gobierno de Mauricio Macri, buscando diferenciarse también en este plano de su predecesor, y al mismo procurando una mejor relación con Europa Occidental en su conjunto, consideró impostergable el mejoramiento de las relaciones con Gran Bretaña. En esta ecuación, el tema de la soberanía de Malvinas debía ser nuevamente relegado a un segundo plano, en el intento de disminuir las tensiones bilaterales. Algunas medidas como el acuerdo firmado en 2016 entre Argentina y Gran Bretaña, la tolerancia frente al posicionamiento de los kelpers como parte negociadora y la reciente apertura de nuevos vuelos a las islas, son muestra de ese relajamiento en la disputa. El rumbo adoptado, no obstante, se presenta poco auspiciosos si el objetivo es recuperar el territorio. En una relación asimétrica donde el territorio disputado está siendo ocupado por el más fuerte, las concesiones del débil -Argentina en este caso- lo único que logran es mantener el status quo. Y, además, dándole más comodidad a los británicos a cambio de ningún beneficio concreto para Argentina.

En pocas palabras, Argentina no ha encontrado la continuidad aun después de casi cuatro décadas de gobiernos democráticos, que se vieron influenciados, en parte, por condiciones externas, pero mayormente, por su propia lectura de la inserción argentina y de la relevancia de la relación con Gran Bretaña en ese sentido.  Si las concesiones que continúan otorgándose a Londres y a los isleños no se traducen en logros concretos dentro del reclamo de soberanía argentino, así como no lo han hecho en décadas pasadas, ¿cuál es su objetivo? Desde Gran Bretaña, sin dudas, es un claro aporte en su propia estrategia de mantener su posición de poder, afianzando el control del territorio y las aguas en disputa.


Por Florencia Rubiolo. Profesora de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales. Directora del Doctorado en Relaciones internacionales de la UCC. Investigadora adjunta CONICET.

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