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Publicado el 07/06/2016 en Comunidad universitaria

Carlos Bockaert
Egresado de la primera camada de la Facultad de Medicina.

Para mí es increíble haber podido convivir y participar, aunque sea un poco, del nacimiento de una universidad. Esos años de alumno en la UCC fueron los que me formaron y que resultaron en una gratitud y amistad de por vida. Junto con Raúl Camino y Norberto Lorenzo fuimos los primeros egresados, y también fuimos los primeros en rendir el examen de homologación que era obligatorio en ese momento. Recuerdo la primera colación de grados. Fue un acto solemne en el teatro Rivera Indarte y yo recibí mi diploma de manos del presidente Guido. Pero lo que más recuerdo es la confianza que las autoridades nos daban, personas como el P. Camargo, el P. Azua, el Dr. Segura son inolvidables. La vida universitaria en Córdoba, en la "Católica", fueron años inolvidables.


Los tres primeros egresados de 1962: Raul Camino, Norberto Lorenzo y  Carlos Bockaert junto a un profesor.

Durante el año 1963 trabajé como jefe de trabajos prácticos en la cátedra de Fisiología y como asistente de pediatría con el prof. A. Segura. A principios del ´64 vine a Bélgica para conocer a mi familia y ver si podía especializarme en pediatría. Para hacerlo tuve que rendir examen en cuatro materias: medicina interna, medicina quirúrgica, pediatría y ginecología y partos. Mi satisfacción fue que mi formación profesional, recibida en la UCC, estaba a la altura de la famosa universidad de Lovaina.

Lady Roatta de Sonzini
Egresada de la la Facultad de Medicina.

Ingresé a la carrera de Medicina en 1959. Cursé los dos primeros años en la UCC y en la UNC porque hasta entonces la novísima Universidad Católica no tenía el prestigio y trayectoria de nuestros días, y cursar una carrera universitaria de tal magnitude en una institución que tan solo llevaba dos años de fundación era todo un desafío.


Egresados de la Facultad de Medicina. Año 1964. (Roatta es la primera mujer, de derecha a izquierda).

Egresé en 1964 y rendí el examen de habilitación profesional, que era lo que se exigía a los egresados de esta Universidad. Me formé en Buenos Aires y en Córdoba como especialista en psiquiatría infantil y de adultos. Realicé la carrera hospitalaria en el Hospital Aeronáutico de Córdoba, en el que me desempeñé por más de 30 años llegando a ser la jefa del servicio de psiquiatría y ejerciendo también la misma tarea en mi consultorio particular.

Guardo en mi mente y en mi corazón hermosos recuerdos de los años universitarios, de los queridos fundadores, profesores, compañeros y amigos. Recuerdo con muchísimo cariño al P. Jorge Camargo sj, al P. José Antonio Sojo sj, al Padre César Azúa sj, al querido P. Osvaldo Pol sj, entre otros, como así también al Decano de la Facultad de Medicina profesor Ángel Segura, al Vice Decano profesor Carlos Sonzini Astudillo y a los eximios profesores que tuvimos, recordando con especial respeto y cariño al profesor Carlos Rezzónico

Recuerdo que la parte teórica de muchas materias la cursamos en Obispo Trejo y que muchos participábamos de la misa de 12 en la pequeña capilla de la Universidad. La carrera de Medicina la cursamos con mucha familiaridad y camaradería entre los alumnos, profesores y los padres jesuitas que si bien eran autoridades también eran amigos y buenos consejeros. Fue realmente una época maravillosa de mi vida.

Me casé con un compañero de estudio y la misa de esponsales la celebró el querido P. Jorge Camargo sj. Es por ello que estos 60 años de la Universidad Católica de Córdoba significan para mí y mi familia un gran acontecimiento, ya que mi esposo, Carlos Sonzini (h), es egresado y profesor emérito de esta Casa y mis cuatro hijos también son egresados de esta Universidad.

Janusz Wroblewicz
Egresado de la primera camada de la Facultad de Ingeniería.

Cuando comencé a cursar, en 1957, la universidad era el Instituto Pro Universitario porque todavía no había salido la ley que habilitaba las universidades privadas. Éramos 45 alumnos, yo fui el único que terminó la carrera en los 6 años. Muchos alumnos, como Raúl Femenia y Gacitua, perdieron uno o dos años por el servicio militar.


Janusz Wroblewicz recibe su diploma de manos del P. Camargo. 

Para mí es un orgullo ver cómo ha progresado la universidad desde sus difíciles inicios hasta hoy. Recuerdo que durante esos primeros años no contábamos con todos los medios necesarios como los lugares para dar las clases, entre otras cosas.

Durante el cursado de toda la carrera trabajé en IKA (industrias káiser Argentina), lo que hoy es Renault. En 1965 viajé a Inglaterra becado por la Confederación de Industrias Británicas en donde estuve dos años. Luego, en 1969, trabajé en AAPCC (Anglo Argentinean Power Construction Consortium) en la construcción de dos líneas entre Ezeiza y El Chocón. Entre otras actividades, trabajé como jefe de la división electromecánica en el montaje de la central hidroeléctrica de Palmar en Uruguay, también en la central hidroeléctrica de Piedra de Aguila en Neuquen, estuve al mando de disintos proyectos de construcción de líneas. Trabajé en distintas obras en Emiratos Árabes, Perú y Nicaragua. En 2008 ingresé a Electroingeniería como Gerente de Obra, primero en Santa Fe y luego en Córdoba, como coordinador de obras hasta 2012, fecha en que me retiré.

Raúl Femenia
Primer egresado de la camada de Ingeniería.

Yo egresé en 1965, incluyendo el examen de habilitación profesional que era requerido en esa época. Obtuve mi título de Ingeniero Aeronáutico, con especialidad electrónica,  gracias al convenio entre la UCC y la Escuela Superior de Aerotécnica de la Fuerza Aérea, en donde tomé clases de electrónica entre 1962 y 1964. Después de egresado tuve que mudarme a Buenos Aires por una situación familiar y conseguí trabajo en una pequeña empresa que fabricaba equipos de comunicación por radio de banda lateral única. Tuve la oportunidad de ser el primer becado del Philips International Institute en Eindhoven, Holanda, en 1966. Ahí tomé cursos de hardware y software de computadoras digitales, completando con un Master Degree en 1968. Trabajé unos meses como programador en la Universidad Católica de Neijmegen, Holanda; y regresé a Argentina en enero de 1969. Aquí trabajé, en Buenos Aires, como programador científico para el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. A fines de 1975 emigré a Canadá donde trabajé en un software para control de procesos industriales y la empresa me trasladó a su sede en Estados Unidos.  Continué en esa especialidad, incluyendo otras aplicaciones como destilación de petróleo,  fabricación de insulina, minería, calderas de vapor, etc. hasta que me retiré en 2013.

Los 60 años de la UCC significan para mí un logro asombroso de la visión y dedicación de los padres jesuitas que tomaron la iniciativa y de todos los profesores que prestaron su colaboración (casi todos gratuitamente) para que los jóvenes de esa época (1956 en adelante) pudiéramos estudiar en un ambiente libre de todos los problemas que plagaban a las universidades nacionales. La experiencia de la Universidad fue muy enriquecedora,  no sólo por el aspecto académico sino por las amistades y la dimensión espiritual.

Los seis años de la UCC más los dos que pude estudiar en Holanda me abrieron un mundo de oportunidades realmente muy valioso. Recuerdo que éramos alrededor de doce alumnos cuando en 1958 empezamos la primera camada de Ingeniería. Aunque en teoría había dos posibilidades: civil y  electromecánica, ese primer año todos cursamos las mismas materias. Nosotros mismos limpiábamos el aula, borrábamos el pizarrón y llevábamos la asistencia. Casi todos los profesores eran también docentes en la UNC y aportaban hasta algunos elementos de enseñanza como por ejemplo el profesor de álgebra y su jefa de trabajos prácticos que traían las máquinas de calcular, o como el de topografía que traía los teodolitos. 

Aparte del afecto y entusiasmo con los que los profesores enseñaban y la ansiosa atención que prestábamos, lo que nos daba mucho entusiasmo y camaradería era la seguridad de estar creando algo nuevo y valioso.

En mi reciente visita a Córdoba, tuve la oportunidad de renovar amistades de esa época.

Roberto Jorge Fonseca
Egresado de la primera camada de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales.

Como egresado,  el significado que  tienen estos sesenta años de vida de nuestra querida Universidad es que en ellos se reflejan las gracias y bendiciones que tuvo siempre esta Casa de Altos Estudios, lo cual se ha visto reflejado en sus autoridades, profesores, personal y alumnado de tantas generaciones.

Recuerdo que cuando ingresamos a la Facultad (principios de 1959), la Universidad todavía no estaba reconocida como tal por lo que era, de algún modo, un salto al vacío la decisión de iniciar la carrera en esos momentos dada su situación institucional.

 Otra cosa que recuerdo es que durante los primeros días de nuestro ingreso, armamos la estantería metálica que serviría para la biblioteca inicial de la Universidad, en una de las aulas sobre calle Obispo Trejo. Nos acompañaba entonces el vice rector P. Jean Sonet, que era como el alma mater de nuestra Universidad en aquellos tiempos. Este sacerdote jesuita belga, fue el nexo con los reyes de Bélgica, Fabiola y Balduino, padrinos de nuestra Casa de Estudios.

También es inolvidable la especial dedicación de nuestro plantel de profesores, con nuestro excelente decano a la cabeza, Dr. Agustín Díaz Bialet. Durante nuestra formación como futuros profesionales del Derecho, decía que no debíamos conformarnos con ser sólo abogados, simples "aplicadores" de normas jurídicas, sino que debíamos llegar a ser creadores del Derecho; es decir, juristas, hombres de ciencias en materia legal.

Entre otros cargos se desempeñó como Juez de Primera Instancia del Quinto Juzgado en lo Civil, Comercial y Minería, del Poder Judicial de la Provincia de San Juan, Juez de la Cámara Primera de Apelaciones en Civil, Comercial y Minería, del Poder Judicial de San Juan, asesor letrado de distintas dependencias y docente de la Universidad Católica de Cuyo.

Margarita Rufina Toro
Egresada de la primera camada de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales.

Egresé de esa querida universidad en el año 1963. Ese año terminamos de cursar la carrera de abogacía pero debimos dar un examen de habilitación porque las universidades privadas no estaban facultadas para dar títulos profesionales. Nos entregaron el titulo de abogado el 15 de septiembre de l964.

Había comenzado a cursar la carrera en l958 con un plan de estudio de 6 años. A fin de año, el Padre Camargo, Rector de la Universidad, reestructuró la carrera en cinco y debí cursar nuevamente el primer año.
Cuando comencé a estudiar la carrera, ante la falta de certeza de que la Universidad pudiera darme titulo habilitante de la profesión, me inscribí también en la Universidad Nacional de Córdoba y rendí en ella alguna materia. Me decían que para qué estudiaba en las dos, que dejara la Católica, pero yo quería además de tener el titulo de abogada tener una formación humanista católica.        

Como profesional recién recibida estuve trabajando en un estudio jurídico en Córdoba Capital, pero al poco tiempo regrese a mi Provincia: San Juan. Aquí me desempeñe Como asesora de la Municipalidad del Dto. Sarmiento, después en la asesoría legal del Departamento de Hidráulica de la Provincia y de ahí pase al cuerpo de abogados de Fiscalía de Estado, en la permanecí hasta mi jubilación en el Estado, en 2009.- Ejercí también libremente la profesión. Actualmente integro la comisión directiva de la Caja Previsional de Abogados de la Provincia.-
Los sesenta años de existencia de la Universidad Católica de Córdoba me producen una gran alegría y orgullo, mas viendo como se va consolidando e integrando  con la sociedad.

De mis años de alumna recuerdo que la asistencia a clase era obligatoria, y así estábamos en permanente contacto con todos nuestros profesores dedicados y pacientes, lo que redundó en gran provecho para  alumnos. Recuerdo especialmente las clases del Dr. Agustin Diaz Bialet, de Derecho Romano, en las que llevaba el Corpus Iuris Civili, en todos sus tomos, que se leían en el aula. Y las clases de Teología de un joven seminarista, el ahora Padre jesuita Lazzarini. Otra cosa que me acuerdo es que en mis épocas de estudiante había que ir a los exámenes con toda la materia aprendida porque no se sacaba bolilla para rendir, sino que el profesor preguntaba de cualquier punto del programa. Además, las notas de clasificación eran del 0 al 4. Un 4 (cuatro) era la nota más alta a la que se podía aspirar.

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