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Desarrollo cognitivo

Publicado el 03/08/2015 en Medicina y Salud

Entrevista a Sebastián Lipina

Psicólogo, investigador del Conicet y director de la Unidad de Neurobiología Aplicada. Es docente del seminario titulado Vulnerabilidad social y desarrollo cognitivo en la Universidad Nacional de San Martín. Realiza tareas de consultoría en organismos multilaterales y gubernamentales como parte de su trabajo en el área de pobreza y desarrollo infantil. Nos visita en el marco de las III Jornadas de Investigación e Intervención en Psicopedagogía.  

–¿Cómo se relacionan las neurociencias con la psicología y la educación?

–En la medida en que cada una de las tres disciplinas toma en consideración fenómenos de desarrollo y aprendizaje humano, es posible pensar en diálogos y conversaciones productivos. Por ejemplo, el aprendizaje de la lectura o el cálculo aritmético, dependen en parte del desarrollo de competencias cognitivas y autorregulatorias. A la vez, estas se apoyan en el desarrollo de ciertas redes neurales que se van formando a partir de la concepción de cada individuo. La construcción de conocimientos referidos al desarrollo y el aprendizaje  puede ser enriquecida con el aporte de estos abordajes, y esto es coherente con la naturaleza multidimensional del desarrollo humano. No obstante, las relaciones entre las tres disciplinas también están influenciadas por aspectos ideológicos y políticos, que pueden alimentar interacciones menos productivas.

–¿Qué se entiende por neuroeducación?

–Es uno de los nombres que recibe el esfuerzo surgido en las postrimerías de la década del 80 (siglo XX) en el seno de la neurociencia, para generar puentes conceptuales y metodológicos con la disciplina educación. Tiene que ver con que los conocimientos neurocientíficos pueden ser capitalizados para el diseño y aplicación de prácticas de enseñanza en contextos de educación formal y no formal. Se trata de un proyecto que aún continúa en construcción y que enfrenta obstáculos epistemológicos, conceptuales e ideológicos originados en la diversidad de criterios entre la neurociencia y la educación.

–¿Qué relación existe entre vulnerabilidad y desarrollo cognitivo?

–La vulnerabilidad social por pobreza ha sido asociada a desempeños bajos en tareas cognitivas de diferente tipo, desde hace décadas y en diferentes sociedades del mundo. Los sistemas cognitivos que más son afectados por pobreza durante el desarrollo, son los de lenguaje, autorregulación y aprendizaje; razón por la cual también suele afectar el desempeño escolar. Estos impactos no son necesariamente inmutables ni irreversibles. La psicología del desarrollo, la educación y la neurociencia han generado múltiples evidencias de que es posible optimizar tales desempeños con intervenciones adecuadas en tiempo y forma.

–Hablás de un modelo interdisciplinario entre biología, interacción social y desarrollo infantil temprano ¿Podrías explicarlo?

–Durante el desarrollo del sistema nervioso se van conformando diferentes sistemas neurales que dan lugar a procesamientos cada vez más complejos, y que contribuyen a que cada individuo se adapte a su medio ambiente social. El desarrollo temprano típico de varios de estos sistemas, requiere que haya adultos sensibles que garanticen la satisfacción de necesidades materiales, afectivas y cognitivas de los niños, incluso desde antes del nacimiento. Si estas son satisfechas en forma adecuada, se van construyendo las habilidades y competencias que caracterizan al desarrollo físico, emocional, cognitivo, lingüístico y social. Cuando eso no ocurre, o si aparece un elemento que puede alterar el desarrollo a nivel biológico o psicológico, entonces se pueden dar alteraciones del desarrollo. En algunos casos, las consecuencias son permanentes y difíciles de revertir, como por ejemplo cuando un fármaco teratogénico altera la conformación de un órgano durante la vida fetal. En otros, con intervenciones adecuadas en momentos específicos del desarrollo, resulta posible que el impacto de una carencia temprana significativa, no sea determinante. Este podría ser en el caso de un implante coclear temprano en niños que nacen con hipoacusia.

Otro ejemplo que da cuenta de la importancia de la interacción entre los niveles de organización biológicos, psicológicos y sociales durante el desarrollo infantil, es la regulación de la respuesta al estrés que está asociada al funcionamiento de una serie de estructurales del sistema nervioso central y periférico que conforman lo que se denomina eje HPA (hipotálamo-pituitaria-adrenal). Si este sistema se activa de forma crónica durante el desarrollo, como en el caso de los niños expuestos a violencia, va generando desgastes en diferentes sistemas del organismo, y esto altera el funcionamiento biológico, psicológico y social, comprometiendo la salud futura. Respecto al impacto de carencias nutricionales, afectivas y de falta de estimulación para el aprendizaje en los ambientes de crianza, la evidencia empírica sugiere que es posible lograr grados de reversibilidad. Todo depende del grado de carencia, su duración en el tiempo, la susceptibilidad de cada niño a su ambiente y la disponibilidad de adultos que puedan identificar y satisfacer tales necesidades.

En relación a esto cuáles son las principales problemáticas que se vislumbran en América Latina y en Argentina?

La región padece una profunda desigualdad social, lo cual significa que hay millones de niños que viven en condiciones de pobreza. En el año 2003 se estimaba que 67 millones de niños vivían en condiciones de hacinamiento; 61 millones vivían en hogares sin letrina; 41 millones en hogares sin acceso a agua potable; 32 millones sin acceso a información por radio, teléfono, periódicos y televisión; 32 millones con peso para la edad debajo de las normas de OMS; 28 millones no habían recibido vacunación o medicación habiendo padecido diarrea; y 26 millones no asistían a la escuela aun teniendo edad escolar. Estos datos corresponden sólo a criterios de privaciones graves. Otros millones de niños vivían en condiciones de de privación leve y moderada, lo cual aumentaba el número de menores pobres.

Sin dudas, los procesos políticos de la última década en varios países de la región, fundamentalmente a través de las transferencias con prestaciones (como la Asignación universal por hijo de nuestro país), han generado beneficios a millones de familias, lo cual les ha permitido salir en muchos casos de la indigencia y en otros de la pobreza. No obstante, el cuadro general de situación dista de estar resuelto y los niños requieren que continuemos esforzándonos para generar condiciones adecuadas de desarrollo.

En Argentina no disponemos de datos oficiales de pobreza infantil -el último ha sido publicado en el sitio del INDEC en el año 2006-; pero está claro que por las estimaciones de diferentes organismos afines y no afines a la administración actual, la pobreza general es un fenómeno que persiste entre el 5% y el 35% de los adultos -dependiendo del método utilizado por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO), Observatorio de la Deuda Social (OSDA), Instituto Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP), Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA) y Centro de Estudios Distributivos Laborales y Sociales (CEDLAS). Dado que los niños son los que más tienden a padecer la pobreza, es esperable que tales estimaciones sean superiores en los menores de 18 años. En síntesis, la desigualdad y la persistencia de la pobreza infantil en la región, son los principales problemas que atentan contra la equidad desde el inicio de la vida que requiere un adecuado desarrollo integral.

¿Hacia dónde deberían apuntar las políticas de salud para mejorar el desarrollo cognitivo?

A la equidad social desde la concepción y durante las dos primeras décadas de la vida. Ello implica acceso universal a políticas en salud, educación y desarrollo social (lo cual incluye al trabajo de los adultos), que garanticen la satisfacción de necesidades básicas de toda la población. Esto no debería involucrar solo al estado, sino también al sector privado y a los sistemas financieros y productivos que replican la desigualdad o el crecimiento sin inclusión. Así es como lo indica la evidencia disponible en disciplinas sociales como la economía y la sociología contemporáneas.  

 A continuación hacé click para conocer más sobre las III Jornadas de Investigación e Intervención en Psicopedagogía.

 

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