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La vida por encima de la ley

Publicado el 14/05/2018 en Actualidad

En este tiempo se propone como debate en el senado la interrupción del embarazo/gestación.  Acompañan este proceso una serie de opiniones en los medios muy diversas en su valor científico y en su aporte a una verdadera formación de opinión.

Dificultad y vulnerabilidad de la vida

La vida del ser humano nunca fue fácil; como especie, el ser humano es uno de los seres menos dotados desde su nacimiento. La vida gregaria y la capacidad de la inteligencia humana han permitido al hombre desarrollarse y superar los condicionamientos que la naturaleza le impone.  Pero la vida humana es siempre vulnerable, débil. La vulnerabilidad y la debilidad se agudizan en los extremos de la existencia (niñez y ancianidad).

En la vida intrauterina la vulnerabilidad se expresa de diversos modos. En primer lugar por su dependencia del medio para vivir, en segundo lugar por la dificultad del reconocimiento de su realidad ontológica (de ser) y finalmente por la desacreditación social que sufre. Como cualquier otra especie, la vida del ser humano depende de su medio, pero en el caso de la vida intrauterina, este medio es una persona con voluntad, libertad y poder sobre ella. Este hecho, natural, puede poner a la persona gestante en situación de mayor vulnerabilidad o de mayor protección, dependiendo de la decisión de la madre gestante.

“En el debate sobre el aborto se ha afirmado con frecuencia que el embrión o feto son una parte del cuerpo de la madre, de la que ésta, por tanto, puede disponer como un apéndice. Esta afirmación es biológicamente y con toda claridad falsa, el nuevo ser no es una parte del organismo materno, sino una realidad biológicamente distinta… que desde el principio comienza a dirigir su propio proceso de desarrollo, sintetizando sus propias proteínas y enzimas que son distintas de la madre” (Gafo, 10 Palabras Claves en Bioética, p. 52).

Existe una insatisfacción intelectual al querer determinar el inicio de la vida humana y del ser personal. Se le pide a la ciencia que aporte datos, que determine. Las ciencias médica y biológica tienen mucho que aportar al esclarecimiento de la situación, pero no son las únicas. Junto a los datos que aportan están las interpretaciones, y, valoración de ellos. El ser humano no se define por un conjunto de datos científicos. Ninguno de nosotros admitiría que una evaluación biológica o médica nos defina, diga qué y quiénes somos, tampoco podemos admitir este argumento para el inicio de nuestro devenir vital. La ciencia aporta datos y la filosofía y las ciencias humanas los interpretan y ponderan.  La determinación del inicio de la vida humana es importante porque hace al ser sujeto de derechos y del más fundamental que es la conservación de la vida. 

Las ciencias, también, nos aportan un dato importante: la unión de los gametos humanos dan inicio a un nuevo ser que es autónomo porque dirige su propio proceso de desarrollo: “el nuevo ser es arquitecto de sí mismo en un doble sentido, ya que posee los planos de lo que él mismo va a ser y organiza mediante la síntesis  de sus propias proteínas su propio proceso de construcción” (Gafo).  Esta construcción tiene un inicio claro pero es un proceso continuo que de no mediar ningún inconveniente dará al menos una persona humana. Es parte de la debilidad de nuestro conocimiento actual poder determinar con certeza un momento diverso al inicio. En la moral, cuando no se puede dilucidar un dilema debemos optar por aquella que preserve el mayor bien.

La opción por el más débil, optar por su protección, es un valor desacreditado en la sociedad posmoderna actual. Y si se lo suma a la exacerbación de las exigencias del sujeto individual (derechos sin responsabilidades), tenemos el terreno propicio para la desacreditación social del embrión. Hoy, lamentablemente un hijo viene a destruir en muchas situaciones el objetivo de los sujetos que lo engendran, se transforma en un agresor… Es verdadero el argumento que separa el aborto de la anticoncepción, no es lo mismo prevenir que destruir. Pero también es necesario hacer un mea culpa a la irresponsabilidad en el ejercicio de los derechos sexuales, que ponen en riesgo a la  salud pública (aumento de las ETS, enfermedades de transmisión sexual) y a una vida no deseada.

En muchos argumentos se opta por un camino de desacreditación: es un coágulo, no tiene forma humana, no piensa, no siente, son solo células… Desacreditamos para quitar peso, importancia, valor a la decisión de destruir una vida.

Más allá de la ley, la vida

La universidad tiene el deber de formar en la verdad y en la conciencia responsable a la luz del evangelio. El seguimiento de Jesús nos impulsa a estar del lado de la vida siempre y con una delicadeza y atención particular a la vida más vulnerable, del más débil. No se renuncia a la búsqueda de la verdad, se la estimula. Y se propicia obrar en consecuencia, ser coherentes en mayor medida entre lo que creemos, pensamos y actuamos.

El Papa Francisco como su predecesor San Juan Pablo II, han demostrado con sus actitudes y palabras que la opción por el evangelio es la defensa del más débil, la tierra, los refugiados, los inmigrantes, etc. También han demostrado la misericordia del Padre que perdona al arrepentido, sea una madre que ha abortado o una persona que ha agredido. Pero el perdón del Padre no legitima la mala acción, perdonar no significa cambiar el hecho objetivo de destruir una persona o disparar contra ella.

A esta altura de los acontecimientos no sabemos qué va a suceder con la posible ley de despenalización del aborto, pero, más allá de ello, debemos renovar nuestro testimonio cristiano de defensa de la vida humana. No importa si se despenaliza o no, la llamada a un cristiano o cristiana será siempre (aunque lo queramos diluir) la vida, y protegerla desde su inicio; porque ella es un sueño, independientemente de las circunstancias en la que fue concebida.


Por Gabriel Mello, profesor de Ética de nuestra Universidad.

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