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La educación en una encrucijada

Publicado el 14/05/2018 en Educación

En el marco de un encuentro previo a la Conferencia Regional de Educación Superior, que tuvo lugar en nuestra Universidad, entrevistamos al filósofo francés François Vallaeys. El especialista en temas de ética aplicada y Responsabilidad Social Universitaria y profesor en la Pontificia Universidad Católica del Perú y en la Universidad del Pacífico, nos contó su visión sobre la situación actual de la educación superior y cuál es el desafío de los jóvenes universitarios.

- ¿Puede describir brevemente la situación actual de la educación superior a nivel mundial?

- No creo ser la persona adecuada para contestar científicamente a esto, pero te diría que la educación superior está en una encrucijada. Gracias a Dios, un alto porcentaje de la población puede acceder a estudios superiores, cosa que es muy buena, pero ha transformado a las universidades en una especie de acreditadoras de empleabilidad para el mercado laboral. Lo que es una situación peligrosa porque si tu meta es la empleabilidad del profesional a todo costo, es probable que se ponga menos atención en la búsqueda de la verdad, es decir, la búsqueda de la transformación del mercado más que de la adaptación al mercado. Es una encrucijada entre la educación superior que se adapta al mercado tal como está, con todos sus pro y sus contra, y una educación superior que quiere transformar el mercado, que quiere innovar, que quiere que los problemas sociales se vayan resolviendo.

Esa encrucijada es la gran tensión, y dentro de esa tensión el gran problema es que los criterios de calidad son mediocres. Los rankings universitarios mundiales básicamente analizan la cantidad de artículos que tus investigadores pueden producir, lo cual es un indicador bastante poco pertinente, socialmente hablando. Mientras tanto, la casa tierra, nuestro planeta,  quema.

- ¿Y a nivel regional?

- Este tema mundial es también regional. Hay que agregar que con la explosión de la demanda universitaria, la oferta universitaria ha bajado de nivel. Tenemos graves problemas de calidad universitaria en América Latina. No estoy diciendo que las universidades latinoamericanas son malas, hay muchas muy buenas pero otras que no tanto. Y tenemos un problema más, tal vez mundial pero quizás en América Latina debemos apurarnos.

En esta era el conocimiento está a disposición. No es como antes que el conocimiento estaba en la cabeza del profesor y el alumno tenía que sacarlo de su cabeza. Ahora el conocimiento está en internet, y ambos tienen el mismo acceso. Esto nos coloca en una posición de facilitadores de la gestión del conocimiento en la mente y en la vida de los estudiantes. Eso debería conducirnos a una enseñanza muchísimo más basada en trabajos grupales, y muchísimo menos en evaluaciones individuales, que para mí hoy en día no importan. Porque lo que importa es hacer proyectos, lo que importa es aprender haciendo, investigando, solucionando problemas.

Yo sueño con una enseñanza superior basada en desafíos, por ejemplo, pedirles a los chicos que al final del semestre un panel solar que produzca electricidad. Entonces los chicos tienen aprender cómo se hace un panel, después buscar fondos para comprarlo, ver la orientación… ¿te imaginas todo lo que van a tener que aprender para realizar al desafío?

Aprenderían de todos los profesores y colegas que puedan aportar algo. Sería realmente un trabajo inter y trans disciplinario, eso quisiera.

- A 100 años de la reforma universitaria, ¿cree que ha habido avances en la educación?

- A mí me gustaría que los estudiantes latinoamericanos, en Córdoba, o cualquier lugar, se junten y lancen de nuevo un grito de basta. Basta de una enseñanza carcomida, basta de conocimientos obsoletos, basta de una organización de la investigación del siglo XIX. Y basta de tratar al alumno como un alumno, el alumno universitario es un estudiante, un estudioso, no debe ser un alumno de colegio que ha pasado a una etapa superior, pero está en la misma situación de colegio.

Para mí el primer día de clases en la universidad, debería ser un día de investigadores. Investigadores en comunidad, en grupo. Yo sueño con estudiantes que tengan la misma fuerza y valentía que tuvieron hace un siglo en Córdoba para decir basta.

- En su exposición planteó que la responsabilidad supone generar compromiso, entonces, ¿Qué deber tenemos como universidad para formar personas socialmente responsables?

- Articular la formación profesional del joven con la reflexión crítica sobre los impactos negativos de su propia profesión, es decir, un buen profesional responsable es alguien que sabe que al hacer lo que él sabe hacer, puede tener impactos muy positivos pero también muy negativos.

Pienso que una universidad socialmente responsable forma profesionales autocríticos frente a sus propias limitaciones de su pericia personal. Desde luego que saben trabajar con los demás, en consenso con otros actores, otros profesionales, para la solución de los problemas sociales.

En el contexto actual, en cuanto a la tecnología, las crisis sociales, económicas, y la situación mundial en general, ¿cuáles son los desafíos de la universidad para mejorar la educación socialmente responsable?

Justicia y sostenibilidad. En este momento la economía del ser humano es tan autista que crea valor financiero inmediato destruyendo valor de vida humana y natural, a mediano y largo plazo. Obviamente eso es ridículo, injusto, insostenible. A mí me gustaría que la universidad sea la institución social que logre hacer de la realidad algo insoportable, que saliendo de la universidad, que estando, entrando y saliendo de la universidad, sepamos y aprendamos juntos que la realidad es algo insoportable tal como está. Una vez que hay algo insoportable, nos animamos a actuar.

- ¿Qué mensaje le daría a los nuestros jóvenes universitarios?

Indignarse. Indignarse con todo lo que es insoportable y que sigue existiendo, pero una indignación cariñosa, una indignación fértil, tierna. Cuando me indigno tiernamente yo respondo y voy a la urgencia, pero tratando de construir algo que no solamente luche contra el enemigo, si no que me permite ir ganando amigos. Entonces, si logramos ese nivel de indignación cariñosa e innovadora habremos ganado algo.

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