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Impuesto a las Ganancias

Publicado el 29/06/2015 en Administración y Economía

De unos años a esta parte el Impuesto a las ganancias (IG) está en la lista de reclamos de muchos sindicatos, y viene siendo cuestionado en especial por su mínimo imponible. Por su parte, el gobierno afirma que este gravamen solo afecta a un 10 por ciento de los trabajadores que tienen los salarios más altos.

Se trata de un tributo Directo, explica Pablo Michelini, ya que no puede ser trasladado, y Progresivo porque a mayor capacidad contributiva, mayor es la contribución. En cuanto a su origen, nació en 1932 como Impuesto a los Réditos – Ley 11.682 y desde su implementación, se trató como gravamen de emergencia. Luego por Ley 20.628, año 1974, adopta el nombre de impuesto a las Ganancias.

–¿A quiénes alcanza el IG?

–Como su nombre lo indica, el impuesto grava las ganancias de contribuyentes que de manera simplificada pueden dividirse en dos grandes grupos: por un lado las personas físicas, y por el otro las empresas. El impuesto para las personas físicas se divide en cuatro categorías: las rentas de primera categoría que serían los alquileres; las de segunda se refieren a las personas físicas hacen colocaciones de capital (préstamos de dinero), en ese caso se grava el interés básicamente; las rentas de tercera categoría corresponden a los dueños o integrantes de empresas; y las de cuarta se relacionan con el trabajo (salarios, honorarios, oficios y jubilaciones). En el caso de las sociedades que tributan el impuesto –denominadas de capital- siempre son rentas de tercera categoría.

Lo que hoy está mas en discusión es el impacto del IG en las personas físicas y dentro de estas de los empleados, asalariados y jubilados. En relación a la actividad de los independientes (profesiones, oficios, etc.) no se discute que su renta (honorarios) sea ganancia agravada. Asimismo, el régimen del monotributo da un marco de simplificación y contención para los pequeños contribuyentes ya que, si no exceden determinados parámetros, pagando una cuota fija quedan cubiertos en relación a Ganancias e IVA.

–¿Por qué es un gravamen de emergencia?

–Por ser un impuesto Directo, su implementación debería ser facultad de las provincias, salvo en situaciones de emergencia. Esta aparente contradicción entre lo normado por nuestra Carta Magna, y la continuidad y la permanencia de la recaudación del impuesto a nivel nacional desde la década del 30, se explica por las previsiones del art. 75 inciso 12) de la Constitución Nacional, mediante el cual se autoriza a la Nación a "...imponer contribuciones directas, por tiempo determinado,..., siempre que la defensa, seguridad común y bien general del Estado los exijan...".

Para receptar estas exigencias constitucionales, el art. 1 de la Ley del IG define a este tributo como de "emergencia", a la vez que el artículo 105 establece una vigencia acotada para el impuesto. Cabe aclarar que, mediante sucesivas modificaciones legales, se ha prorrogado la vigencia del gravamen. La última prórroga se extiende hasta el 31 de diciembre de 2019.

–¿Cuál es el reclamo de los sindicatos?

En el año 2013 se fijó un mínimo no imponible de 15 mil pesos de remuneración bruta mensual, analizando el periodo enero a agosto de ese año. Eso se mantuvo hasta mayo de 2015 en que se benefició –reduciendo el impacto del tributo- a los asalariados con niveles de ingresos entre 15 mil  y 25 mil pesos con distintos tramos de escala, acomodándose un poco a la inflación y aumento de los salarios.

Por parte de los sindicatos, el debate tiene que ver con el piso, porque es lo que más afecta a sus afiliados y lo que está en discusión es el nivel de remuneración a partir del cual empieza a tener impacto ese impuesto en los trabajadores, que es de escasa capacidad contributiva.

Evidentemente, los sindicatos protegen a los empleados y jubilados, pero hay que decir que éstos gozan de deducciones especiales, mientras que  los profesionales independientes también quedan desprotegidos cuando sus ingresos exceden los parámetros del monotributo y se encuentran sometidos a un nivel de exposición en el IG que se hace difícil de sostener.

–¿Por qué se da ahora el debate?

–En parte creo que es por la presión inflacionaria. Con en el impuesto sobre los Bienes Personales pasa los mismo. Nació para que lo tributaran los más ricos del país, y hoy cualquier persona que tenga un departamento y un auto ya tiene que tributar este impuesto.

Es una necesidad que el congreso se aboque a revisar toda la materia fiscal en conjunto. Dentro del IG, creo que lo primordial es redefinir la escala del Art 90 de la Ley. Así se solucionaría gran parte del problema para los próximos años.

–¿Qué opina usted del IG?

– Para mí es un impuesto excelente, el mejor para recaudar cumpliendo los preceptos de básicos de la tributación y con el cual se genera el equilibrio en las cargas públicas. El mayor daño que genera hoy –para las personas físicas- está en las escalas de imposición. A mí no me parece mal que alguien que cobra 25 mil pesos por mes tenga que tributar IG. Lo que sucede es que rápidamente de 25 mil hacia arriba (pero por muy poco) ya empieza a pagar un 35 por ciento y eso es lo que está mal.

La escala que se utiliza, que es la establecida en el Artículo 90 de la ley, no se modifica desde el año 2000. Además, es totalmente plana y va avanzando rápidamente por tramos. Al superar los 120 mil pesos anuales por encima del mínimo no imponible, (se trata de 10 mil pesos por mes) ya se tributa el 35 por ciento.

Ni hablar de un profesional independiente que no cae dentro del monotributo y que rápidamente paga IG a tasas altísimas. Para las sociedades anónimas no hay una escala progresiva y tributan siempre el 35 % independientemente de la ganancia. Además cuando las sociedades distribuyen dividendos a sus accionistas, si son personas físicas o beneficiarios del exterior tienen que pagar el 10 % adicional a partir de la reforma efectuada con vigencia desde setiembre de 2013.

De todos modos, el 35 por ciento no es una tasa excesiva, hay países con tasas de imposición más altas. 

–¿Cómo se podría modificar esa tabla?

–Nunca se previó la actualización de esos montos. En mi opinión, habría que multiplicarlos por 10 para que todas las cotas suban. Así, una persona que gana más de un millón de pesos al año empezaría a pagar el 35 por ciento.

Tanto la actualización de la tabla como los importes de las deducciones personales, que actualmente se vienen modificando por decisión del organismo fiscal, deberían tener un mecanismo de ajuste permanente por ley sin quedar atado a la voluntad de la decisión política.

–¿Considera que este tipo de impuestos fomentan la evasión?

–Mientras más altas son las tasas de imposición, es mayor el incentivo del contribuyente de tratar de evadir impuestos. El IG está en un nivel razonable, pero hay otros tributos mucho más nocivos y que incentivan a los contribuyentes a evadir como la tasa del 21 por ciento en el IVA.

Lamentablemente, cuando una venta se perfecciona en el mercado marginal para evadir el IVA, eso implica que también se la saca de la base de imposición de ganancias.

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