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24 de marzo

Publicado el 23/03/2018 en Actualidad

Remembrar aquellos eventos de un país, que nos marcan en lo personal y como sociedad siempre conlleva las retrospectivas de lo sucedido y un continuo proceso de reflexión sobre sus implicancias y aprendizajes para, en su caso, no volver a repetirlos.

Uno de esos sucesos que quedarán marcados en la historia de nuestro país, como un profundo cambio en las generaciones futuras, es el último quebrantamiento del sistema democrático que fue cometido por miembros de las fuerzas armadas y el apoyo de diversos sectores sociales, políticos, sindicales y religiosos de nuestro país. El golpe militar del 24 de marzo de 1976 fue la culminación, por una parte, del fracaso del diálogo político y la búsqueda de consensos en un país signado por la violencia política y la intolerancia ideológica. Pero por otra parte, fue el inicio de un período de violaciones sistemáticas de derechos humanos, como nunca antes nuestro país había sido testigo.

La puja de poder entre hegemonías mundiales, la influencia de los procesos “revolucionarios” (no menos violentos que algunas dictaduras militares que decían combatir)  que se esparcían por todo el continente, la búsqueda de nuevas utopías de construir sociedades más plurales y justas, un sistema capitalista en auge que necesitaba imponer su modelo de mercado, una sociedad prácticamente habituada a las rupturas institucionales en el país; fueron un conjunto de circunstancias que llevaron al inicio de una de las etapas más oscuras de nuestra existencia como nación.

Recordar, como un proceso de mantener viva la memoria de lo sucedido, nos replantea todos los años para esta fecha, la importancia de seguir expresando que como sociedad y como seres humanos, no debemos olvidar por lo que atravesamos. Es un desafío, especialmente, para las generaciones que fueron testigos y actores directos de tales acontecimientos, el poder trasmitir, sin alterar los hechos históricos, las circunstancias y las consecuencias de tales violaciones sistemáticas de derechos humanos. Pero también hay que reflexionar sobre las consecuencias, que se mantienen hasta la actualidad, de la falta de consensos políticos y la ceguera de las corporaciones políticas y sociales. Que por querer suprimir el ejercicio democrático del poder representativo de un grupo, contribuyen a la desestabilización de toda una nación.

Esta fecha siempre nos propicia seguir trabajando en la defensa y concienciación de los derechos humanos, como baluarte de lograr una sociedad más justa y plural. Con la certeza que, a diferencia de otros países que atravesaron circunstancias semejantes o aún mayores, decidimos (no con altibajos y escollos) elegir la justicia como pauta de búsqueda de verdad y castigo por las violaciones cometidas. Como ejercicio republicano de hacer prevalecer la justicia con todas las oportunidades de defensa en juicio a los acusados de graves violaciones a derechos humanos, fuimos y somos un reflejo para otras naciones que vienen reclamando por verdad y justicia. 

Quedan los desafíos y compromisos de la sociedad, y en tal sentido la universidad es parte de ella. De mantener viva la memoria en las generaciones posteriores para que no olviden una parte trágica de nuestra nación; pero a la vez tener en cuenta que esos aberrantes hechos, nos han unido en un progresivo acuerdo nacional de considerar que esto no debe ser parte de nuestra historia “Nunca Más”.


Por Christian G. Sommer; Director del Instituto de Derechos Humanos de nuestra Facultad de Derecho y Ciencias Sociales.

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