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Testimonios

Testimonios

Publicado el 19/11/2015 en Especial La paz bajo amenaza

Los medios solo hablan de esa noche

Por Carolina Marchegiani
Estudiante de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración. Tiene 21 años y desde el 25 de agosto se encuentra de intercambio, estudiando en la Universidad Group Sup De Co Montpellier, en Montpellier, Francia. 

El viernes pasado estábamos cenando con mis amigos en el departamento y comenzamos a recibir mensajes de nuestros familiares preguntando cómo estábamos. En seguida nos pusimos a leer los diarios y en todas las redes sociales había noticias del ataque. Al principio no reaccionamos, de hecho me fui a dormir antes del atentado de Bataclán.

La mañana siguiente fue la más triste de todas. Había videos en todos los sitios web y con todos mis compañeros no podíamos hablar de otra cosa. Es más, teníamos que hacer trabajos en grupo pero ninguno tuvo fuerzas para salir de su casa. Más de tres mil personas se reunieron en la Place de la Comedie y dejaron velas y flores en honor a las víctimas.

¿Qué pasa ahora? Francia se declara en estado de emergencia y llama a la guerra para eliminar a ISIS (Estado Islámico, en sus siglas en inglés). Esta medida no había sido tomada desde el 2005 y propone extremas medidas de seguridad. Se aumentó el personal militar, se reforzaron los controles migratorios en todas las ciudades y también se habla de considerar reformas en la constitución. En la universidad tenemos una clase de cultura francesa en la que justamente hoy le dedicamos una hora para informarnos acerca de lo que está ocurriendo. Los medios solo hablan de esa noche.

¿Cómo lo vivo yo? La verdad es que me afectó mucho más de lo que creía. Vivo a aproximadamente cuatro horas de París. Estar tan lejos de tu familia y de tus amigos te hace reflexionar mucho más cuando pasan este tipo de cosas. Ninguna de las personas que murieron esa noche se imaginaba que no iban a volver a sus hogares y varios de ellos tenían mi edad. No es justo. Lo primero que se me ocurrió fue escribirle a la gente que quiero para decirle lo mucho que me importa. Muchas veces nos olvidamos de esas pequeñas cosas y seguro que esas personas fueron las que aparecieron en la memoria de cada alma que vivió ese horror.

Ahora tengo que caminar con mucho más cuidado, prestar atención a cada detalle y evitar los lugares multitudinarios. Más que miedo tengo mucha tristeza e impotencia. Me vine de intercambio porque creo en el valor de la diversidad y el respeto por las diferencias y cuesta creer que en el siglo XXI existe la mentalidad de que millones de muertes van a poner al mundo en un lugar mejor. Acá convivo con musulmanes, latinos y asiáticos y, día a día, fomentamos el intercambio de culturas.

Me gustaría invitar a todos los que lean este testimonio a tomar conciencia de la situación y a implementar un cambio empezando por las cosas más simples. Por un lado, aprender a aceptar al otro y por otro nunca posponer los sueños porque la vida da millones de vueltas y no hay nada que dé mayor placer que sentirse satisfecho con cada una de nuestras acciones.

Estar más cerca te sensibiliza de otra manera

Por Victoria Magnano
Ingeniera Agrónoma. Tiene 28 años y es estudiante de la Maestría en Agronegocios y Alimentos de la Escuela de Negocios (ICDA). Está cursando su segundo año, para obtener la doble titulación, en la Escuela Superior de Agricultura de Angers, Francia.

Nací y me crie en un pueblo de Santa Fe, Villa Trinidad, donde viven 3000 personas y la tranquilidad es uno de los aspectos más apreciado de vivir allí. Creo que la única vez que una sensación de inseguridad me toco de cerca fue durante los robos y saqueos en Córdoba en diciembre 2013. Es la segunda vez que vivo en Francia, y tengo recuerdos y anécdotas inolvidables que viví a lo largo de estas experiencias. He vivido con familias francesas y tengo varios amigos en distintos lugares, y siento este país como mi segundo hogar gracias a la intensidad de lo vivido y el cariño y contención que me supieron brindar.

Los atentados del viernes 13 de noviembre en Paris me conmocionaron e hicieron experimentar una sensación que nunca antes había conocido. Angers tiene aproximadamente 150 mil habitantes y está en la región del Valle de la Loire, a una hora y media en tren de Paris. En el momento en que ocurrieron los hechos, yo estaba en la universidad en la “Rabelaisienne”, un evento con compañeros y profesores de la institución. Minutos después fuimos a un bar típico de Angers, donde comenzamos a enterarnos de lo que estaba  pasando. Todo sucedió muy rápido. Mientras mirábamos las pantallas del bar donde pasaban imágenes del Estadio de Francia, buscábamos en los celulares las últimas noticias de los diarios, nos conectábamos por medio de las redes sociales para contactar a nuestros amigos en Paris y mi teléfono que no paraba de sonar porque mis familiares y amigos en Argentina ya comenzaban a enterarse. No fue una situación caótica pero si se sentía un ambiente de conmoción y preocupación. Una vez que nos contactamos con nuestros amigos parisinos y supimos que estaban bien, nos fuimos a descansar. La verdad que nadie quería dormir, nos mirábamos preguntándonos que vendría después de esto, imaginando que solo era el comienzo. El sábado por la mañana estuve en el centro, invadía la sensación de angustia y estaba desolado, algo totalmente atípico. Al otro día seguimos las noticias todo el día. Es inevitable que no afecte tanta información y detalles de lo que pasó. El lunes en la universidad se interrumpieron las clases y el Director dijo unas palabras seguido de un minuto de silencio. Nos informaron de las nuevas medidas de seguridad y sobre las prácticas de evacuación que ya tuvimos hace unas semanas. Hay carteles por todos lados y más guardias de seguridad que lo habitual. En las calles se nota el aumento de movimiento de policías y bomberos. Del tema se habla constantemente y estamos todos atentos porque no es algo que pasó el viernes 13 y termino ahí.  Ya todos lo sabemos. Sin embargo, algo para destacar es la postura que toman los franceses: no tienen miedo, siguen con sus vidas normales pero teniendo en cuenta las medidas de seguridad y recaudos. Están muy unidos como sociedad.

En lo que respecta a mí, estoy tratando de seguir el ritmo de la mayoría. No tengo miedo ya que me siento contenida y segura, pero estoy conmovida y angustiada por la realidad que se vive y no solo en Francia, sino todo lo que estos hechos implican. Estar “más cerca” te sensibiliza de otra manera, al igual que con el tema de los refugiados.

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